Se cargan a Mónica porque ofrecía esperanza.



Así me refería a Mónica Oltra en 'Kosmótica', el ensayo/diario personal de los años de la política del cambio que publiqué en 2016. Siete años después no cambio una coma.


--------------- Mónica Oltra como futuro. El tono, la pedagogía y el enfoque en la justicia han acompañado desde siempre a la política valenciana. Mónica Oltra era esa política que, cuando salía en «Salvados» denunciando la corrupción inmobiliaria en su tierra, no parecía política. De algún modo ya representaba en el ámbito valenciano lo que se vino reivindicando tiempo después. Curtida en el enfrentamiento dialéctico con el PP más corrupto de toda España, no ha perdido en todos estos años un tono conciliador y un discurso pedagógico y creativo. Mónica no necesita chillar en los mítines: convence. Pareciera como si se hubiera colado en el ámbito de la política formal, ese ámbito de choque, discusión y agresividad, como si no perteneciese a ese mundo. Habla como piensa sin miedo y sin calcular estrategias. En los recientes procesos de investidura aboga por el entendimiento y el diálogo con humildad y sin atender a intereses. Y, aparte, siempre encuentra lugar para hacer visibles en sus palabras a los excluidos del Norte y del Sur. Digo Mónica como futuro porque encarna un liderazgo dentro de la nueva política que reuniría un gran consenso y porque no me importaría verla algún día de presidenta del Gobierno. Y quién sabe.


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Qué pocas dudas tengo de que se la han ventilado precisamente por esto. Por portar en sus formas la posibilidad de la esperanza. Por atreverse a salir del cálculo. Por reivindicar la Matria.